Laboratorios ciudadanos o sociales

En las últimas dos décadas, los laboratorios ciudadanos o centros culturales han tenido un papel más protagónico. Pese a que la experimentación social y la participación ciudadana parecen ser conceptos novedosos, estos modelos de medialabs no son nuevos, pero debido a la democratización de la tecnología, es ahora cuando han experimentado un desplazamiento de lo tecnológico a lo social.

Este tipo de laboratorios promueven procesos democráticos en el marco de la cultura digital, concepto entendido por Martín Becerra (2011: 14) como “una incubadora de nuevos modos de concebir los procesos de socialización”.
Una definición de medialab más orientada al enfoque social es la propuesta por Alcalá y Maisons (2004: 8). Consideran que estos espacios son “la nueva basílica de la organización de los discursos, como lugar de encuentro del viajero y escenario de todas las experiencias colectivas que requiere del sometimiento individual a las formulaciones de sus nuevas reglas de juego”.

Ruiz y Portilla (2017: 180) explican que esta transformación permite a los medialabs ser espacios de diálogo y funcionar como ecosistemas creativos, pero también dedicarse, paralelamente, tanto a la reflexión como al debate, a la investigación como a la producción y a la formación como a la socialización (Ruiz Martín y Alcalá Mellado, 2016) de proyectos con un marcado carácter social.

Aunque muchos siguen contemplando la parte tecnológica y de medios, ahora prestan más interés a la sociedad, no solo como los receptores del desarrollo tecnológico sino incluyéndolos en las iniciativas que pueden ser promovidas desde la ciudadanía, para generar esos cambios. Es decir que “la visión contemporánea del medialab es la de un laboratorio donde se explora la influencia de la tecnología en los procesos de transformación social hacia una ciudadanía activa (Romero-Frías y Robinson-García, 2017: 31).
Hassan (2014), citado por Romero-Frías y Robinson-García (2017: 30) considera que estos laboratorios son plataformas creadas para abordar fines sociales con tres características:

  • Su carácter social, congregando gente con distintas características y enfoques para trabajar de forma colectiva.
  • Su carácter experimental, en tanto que procesos de creación continuados en el tiempo.
  • Su carácter sistémico, trabajando en la generación de prototipos que pueden resolver grandes retos.

Algunos medialabs ciudadanos activos son: MindLab (Dinamarca), ZapopanLab (México), SociaLab (Chile), Nuvem (Brasil). Y en España: Citilab, BarcelonaLab, Laboratorio de Aragón Gobierno Abierto, La Colaboradora, Co-Lab y Medialab Prado, este último de gran reconocimiento nacional e internacional.

El Medialab Prado , ubicado en plaza de las Letras de Madrid, es un ejemplo de este tipo de laboratorios. Este espacio dedicado a la cultura digital y a la producción de proyectos de carácter multidisciplinar, creado en el año 2000 a través de un programa en el Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid, es un laboratorio ciudadano de mediación cultural, producción, investigación, desarrollo tecnológico, trabajo colaborativo y difusión.

Villar (2011: 110) indica que los antecedentes de Medialab Prado tienen su inspiración en los Seminarios de Generación Automática de Formas Plásticas, del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (actual Universidad Complutense) desarrollados entre los años 1968 y 1973. Además, tiene un presupuesto anual de, aproximadamente, novecientos mil euros, que incluye los gastos tanto de personal y actividades (VVAA, 2009).

En su página web, el Medialab Prado explica que funciona como un lugar de encuentro para la producción de proyectos culturales abiertos. Involucran al ciudadano permitiendo que hagan propuestas o se sumen a otras para llevarlas a cabo de manera colaborativa en cualquiera de sus seis laboratorios: de datos abiertos, de prototipado creativo, de inteligencia colectiva para la participación democrática, de innovación ciudadana, de ciencia ciudadana y de experimentación audio y vídeo.

Su metodología abierta permite que la actividad se estructure en grupos de trabajo, convocatorias para la producción de proyectos, investigación colaborativa y comunidades de aprendizaje en torno a temas muy diversos. En 2014 fue galardonado por la Fundación Europea de la Cultura por ser uno de los proyectos que han animado los procesos democráticos en el marco de la cultura digital en España.

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