Orígenes y evolución de los medialabs

 

Según Sangüesa (2013), las raíces de los medialabs se encuentran en los laboratorios científicos, industriales, de diseño y tecnológico digital. Fueron principalmente los espacios de producción artística los que dieron cabida, en la práctica, a laboratorios experimentales e innovadores. La mayoría de las publicaciones que se refieren a los antecedentes de los medialabs remontan su origen a mediados del siglo pasado.

Pero para explicar su génesis, Ortega y Villar (2014: 153) también toman en cuenta una iniciativa que surge a principios de los años 20, el Laboratorio Experimental de Construcciones Cinéticas de Proletkult de Moscú. Este espacio pretendía, según Rauning (2017), organizar una producción artística diferente a la elitista, mediante la transformación de los nuevos medios de comunicación en espacios colectivos experimentales.

Un sistema en el ámbito de la salud pública, desarrollado por Wilbur C. Phillips entre 1917 y 1920, es otro de los referentes que destacan Romero-Frías y Robinson-García (2017: 30). Este modelo de organización social, descrito por Phillips (1940) en la obra “Adventuring for democracy”, desarrollaba soluciones a problemas comunes con la implicación de los profesionales expertos y la ciudadanía.
Para comienzos de la segunda mitad del siglo XX, la producción artística continuó abriendo el camino a los medialabs, ya que los talleres tradicionales de arte pasaron de tener un carácter individual y técnico a convertirse en laboratorios con modelos organizativos interdisciplinares que desarrollaban proyectos con fines artísticos con la colaboración de ingenieros, físicos, mecánicos o arquitectos, entre otros (Ruiz y Portilla, 2017: 179).

El siguiente antecedente lo protagonizan aquellos centros experimentales surgidos en los sesenta y que Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016: 101) denominan “labs pioneros”. Esta época la describen como la etapa iniciática para el posterior desarrollo y auge masivo de los medialabs, específicamente entre la década del setenta y el año 2000.

En los años ochenta y noventa empiezan a proliferar este tipo de espacios dedicados a la investigación, producción y experimentación. Fue el periodo en el que se da a luz y se consolidan los medialabs en las universidades. Para Ruiz y Portilla (2017: 179) esto fue debido al auge del arte electrónico y, por conocimiento histórico, al desarrollo de nuevas tecnologías. Esto también permitió la apertura de centros paradigmáticos con el aval de importantes corporaciones de las telecomunicaciones y de la producción de la imagen.

El término medialab surge de forma canónica con el MIT Media Lab, pero previo a 1985 existían iniciativas que contaban con características similares. Por esta razón, Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016: 102) no incluyen al laboratorio de medios del MIT en la lista de medialabs pioneros, más bien lo clasifican como un medialab moderno, junto a otros de gran relevancia histórica y cultural, como ZkM, ARS Electronica Center, NTT-Intercommunication Center, entre otros.

Para mediados de los noventa, otro término relacionado con estos laboratorios de innovación se generalizó: New Media Art (Villar, 2011: 108). Definidos por Tribe (2009) como “proyectos y producciones artísticas que se valen de las tecnologías de los medios de comunicación emergentes y ligados a la novedad”.

El Archivo Español de Media Art se ha encargado de localizar estos centros de producción de arte y nuevos medios desarrollados en España desde sus orígenes hasta la actualidad, Algunos de ellos son: Laboratorio de la Luz, Orquesta del Caos, Espacio P, Ovni, MediaLab Madrid, Loop, MideCiant, Etopia, Ex, El Transmisor, Data.Art, La Red de Cine Doméstico, Observatorio Orbital de lo Humano, Harddiskmuseum.

La última etapa histórica a la que se refieren Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016: 101) coincide con los albores del siglo XXI, cuando se extiende globalmente el concepto de medialab. Este periodo, que llega hasta nuestros días, agrupa a los “medialabs actuales”, donde incluye dos tipos de laboratorios contemporáneos. Por un lado, aquellos ligados al uso de nuevas herramientas de fabricación digital como los hacklabs, makespaces o fablabs y, por el otro, aquellos laboratorios que se han desplazado o surgido en el campo de la mediación, como es el caso en España del Medialab Prado.

Antes de finalizar este apartado, se presenta una clasificación cronológica propuesta por Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016) en el estudio “Los cuatro ejes de la cultura participativa actual”.
Villar (2011: 110) hace referencia a otros espacios con prácticas al estilo medialab que Ruiz Martín y Alcalá Mellado (2016) no incluyen en esta lista cronológica como el desaparecido centro Arteleku (Donostia, España), creado en 1987. También menciona otros medialabs a nivel de Europa que participaron en el encuentro de Medialabs (LABtoLAB), organizado por Medialab Prado. Ellos fueron: Kitchen (Budapest), Constant (Bruselas), Crealab (Nantes) y Area10 (Londres).

En la página web de Medialab Prado, LABtoLAB hace referencia a centros con similares características en Latinoamérica que han participado en sus encuentros: CCE (Argentina), MetaReciclagem (Brasil), Modular (Argentina), Centro Multimedia (México DF), ProtoLab (México), CCE(Uruguay) CyberArtes CCAA (Costa Rica), Escuelab (Perú) y Marginalia+Lab (Brasil).

Todos estos centros, así como el recuento histórico de los medialabs de la Tabla 2 evidencian la gran cantidad de medialabs que existen, pero es necesario profundizar más en su tipología.

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